Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Sà ―repuso Wickham―, su hacienda es importante, le proporciona diez mil libras anuales. Nadie mejor que yo podrÃa darle a usted informes auténticos acerca del señor Darcy, pues he estado particularmente relacionado con su familia desde mi infancia.
Elizabeth no pudo evitar demostrar su sorpresa.
―Le extrañará lo que digo, señorita Bennet, después de haber visto, como vio usted probablemente, la frialdad de nuestro encuentro de ayer. ¿Conoce usted mucho al señor Darcy?
―Más de lo que desearÃa ―contestó Elizabeth afectuosamente―. He pasado cuatro dÃas en la misma casa que él y me parece muy antipático.
―Yo no tengo derecho a decir si es o no es antipático ―continuó el señor Wickham―. No soy el más indicado para ello. Le he conocido durante demasiado tiempo y demasiado bien para ser un juez justo. Me serÃa imposible ser imparcial. Pero creo que la opinión que tiene de él sorprenderÃa a cualquiera y puede que no la expresarÃa tan categóricamente en ninguna otra parte. Aquà está usted entre los suyos.
―Le doy mi palabra de que lo que digo aquà lo dirÃa en cualquier otra casa de la vecindad, menos en Netherfield. Darcy ha disgustado a todo el mundo con su orgullo. No encontrará a nadie que hable mejor de él.