Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Qué extraño! ―exclamó Elizabeth―. ¡Qué abominable! Me asombra que el propio orgullo del señor Darcy no le haya obligado a ser justo con usted. Porque, aunque sólo fuese por ese motivo, es demasiado orgulloso para no ser honrado; y falta de honradez es como debo llamar a lo que ha hecho con usted.
Es curioso ―contestó Wickham―, porque casi todas sus acciones han sido guiadas por el orgullo, que ha sido a menudo su mejor consejero. Para él, está más unido a la virtud que ningún otro sentimiento. Pero ninguno de los dos somos consecuentes; y en su comportamiento hacia mÃ, habÃa impulsos incluso más fuertes que el orgullo.