Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio PodÃa haber añadido: «A un joven, además, como usted, que sólo su rostro ofrece sobradas garantÃas de su bondad.» Pero se limitó a decir:
―A un hombre que fue seguramente el compañero de su niñez y con el que, según creo que usted ha dicho, le unÃan estrechos lazos.
―Nacimos en la misma parroquia, dentro de la misma finca; la mayor parte de nuestra juventud la pasamos juntos, viviendo en la misma casa, compartiendo juegos y siendo objeto de los mismos cuidados paternales. Mi padre empezó con la profesión en la que parece que su tÃo, el señor Philips, ha alcanzado tanto prestigio; pero lo dejó todo para servir al señor Darcy y consagró todo su tiempo a administrar la propiedad de Pemberley. El señor Darcy lo estimaba mucho y era su hombre de confianza y su más Ãntimo amigo. El propio señor Darcy reconocÃa a menudo que le debÃa mucho a la activa superintendencia de mi padre, y cuando, poco antes de que muriese, el señor Darcy le prometió espontáneamente encargarse de mÃ, estoy convencido de que lo hizo por pagarle a mi padre una deuda de gratitud a la vez que por el cariño que me tenÃa.