Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Al entrar su mujer, el señor Bennet levantó los ojos del libro y los fijó en su rostro con una calmosa indiferencia que la noticia no alteró en absoluto. ―No he tenido el placer de entenderte ―dijo cuando ella terminó su perorata―. ¿De qué estás hablando? ―Del señor Collins y Lizzy. Lizzy dice que no se casará con el señor Collins, y el señor Collins empieza a decir que no se casará con Lizzy.
―¿Y qué voy a hacer yo? Me parece que no tiene remedio.
―Háblale tú a Lizzy. Dile que quieres que se case con él.
―Mándale que baje. Oirá mi opinión.
La señora Bennet tocó la campanilla y Elizabeth fue llamada a la biblioteca.
―Ven, hija mÃa ―dijo su padre en cuanto la joven entró―. Te he enviado a buscar para un asunto importante. Dicen que Collins te ha hecho proposiciones de matrimonio, ¿es cierto?
Elizabeth dijo que sÃ.
―Muy bien; y dicen que las has rechazado.
―Asà es, papá.
―Bien. Ahora vamos al grano. Tu madre desea que lo aceptes. ¿No es verdad, señora Bennet?
SÃ, o de lo contrario no la quiero ver más.