Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Tengo entendido que la propiedad de su padre debe heredarla el señor Collins. Lo celebro por usted ―dijo volviéndose hacia Charlotte―; pero no veo motivo para legar las posesiones fuera de la lÃnea femenina. En la familia de sir Lewis de Bourgh no se hizo asÃ. ¿Sabe tocar y cantar, señorita Bennet?
―Un poco.
―¡Ah!, entonces tendremos el gusto de escucharla en algún momento. Nuestro piano es excelente, probablemente mejor que el de... Un dÃa lo probará usted. Y sus hermanas, ¿tocan y cantan también?
―Una de ellas sÃ.
―¿Y por qué no todas? Todas debieron aprender. Las señoritas Webb tocan todas y sus padres no son tan ricos como los suyos. ¿Dibuja usted?
―No, nada.
―¿Cómo? ¿Ninguna de ustedes?
―Ninguna.
―Es muy raro. Supongo que no habrán tenido oportunidad. Su madre debió haberlas llevado a la ciudad todas las primaveras para poder tener buenos maestros.
―Mi madre no se habrÃa opuesto, pero mi padre odia Londres.
―¿Y su institutriz sigue aún con ustedes?
―Nunca hemos tenido institutriz.