Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Estoy pensando en lo que usted me ha dicho ―respondió Elizabeth―. La conducta de su primo no me parece nada bien. ¿Por qué tenÃa que ser él el juez?
―¿Quiere decir que su intervención fue indiscreta? ―No veo qué derecho puede tener el señor Darcy para decidir sobre una inclinación de su amigo y por qué haya de ser él el que dirija y determine, a su juicio, de qué modo ha de ser su amigo feliz. Pero ―continuó, reportándose―, no sabiendo detalles, no está bien censurarle. Habrá que creer que el amor no tuvo mucho que ver en este caso.
Es de suponer ―dijo Fitzwilliam―, pero eso aminora muy tristemente el triunfo de mi primo.