Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Es una cosa que Darcy no quisiera que se divulgase, pues si llegase a oÃdos de la familia de la dama, resultarÃa muy desagradable.
No se preocupe, no lo divulgaré.
―Tenga usted en cuenta que carezco de pruebas para suponer que se trata de Bingley. Lo que Darcy me dijo es que se alegraba de haber librado hace poco a un amigo de cierto casamiento muy imprudente; pero no citó nombres ni detalles, y yo sospeché que el amigo era Bingley sólo porque me parece un joven muy a propósito para semejante caso, y porque sé que estuvieron juntos todo el verano.
―¿Le dijo a usted el señor Darcy las razones que tuvo para inmiscuirse en el asunto?
―Yo entendà que habÃa algunas objeciones de peso en contra de la señorita.
―¿Y qué artes usó para separarles?
―No habló de sus artimañas ―dijo Fitzwilliam sonriendo―. Sólo me contó lo que acabo de decirle.
Elizabeth no hizo ningún comentario y siguió caminando con el corazón henchido de indignación. Después de observarla un poco, Fitzwilliam le preguntó por qué estaba tan pensativa.