Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Por la tarde Lydia propuso con insistencia que fuesen todas a Meryton para ver cómo estaban todos; pero Elizabeth se opuso enérgicamente. No quería que se dijera que las señoritas Bennet no podían estarse en casa medio día sin ir detrás de los oficiales. Tenía otra razón para oponerse: temía volver a ver a Wickham, cosa que deseaba evitar en todo lo posible. La satisfacción que sentía por la partida del regimiento era superior a cuanto pueda expresarse. Dentro de quince días ya no estarían allí, y esperaba que así se libraría de Wickham para siempre.
No llevaba muchas horas en casa, cuando se dio cuenta de que el plan de Brighton de que Lydia les había informado en la posada era discutido a menudo por sus padres. Elizabeth comprendió que el señor Bennet no tenía la menor intención de ceder, pero sus contestaciones eran tan vagas y tan equívocas, que la madre, aunque a veces se descorazonaba, no perdía las esperanzas de salirse al fin con la suya.