Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―No te intranquilices, amor mÃo. Tú y Jane seréis siempre respetadas y queridas en todas partes, y no pareceréis menos aventajadas por tener dos o quizá tres hermanas muy necias. No habrá paz en Longbourn si Lydia no va a Brighton. Déjala que, vaya. El coronel Forster es un hombre sensato y la vigilará. Y ella es por suerte demasiado pobre para ser objeto de la rapiña de nadie. Su coqueterÃa tendrá menos importancia en Brighton que aquÃ, pues los oficiales encontrarán allà mujeres más atractivas. De modo que le servirá para comprender se propia insignificancia. De todas formas, ya no puede empeorar mucho, y si lo hace, tendrÃamos entonces suficientes motivos para encerrarla bajo llave el resto de su vida.
Elizabeth tuvo que contentarse con esta respuesta; pero su opinión seguÃa siendo la misma, y se separó de su padre pesarosa y decepcionada. Pero su carácter le impedÃa acrecentar sus sinsabores insistiendo en ellos. CreÃa que habÃa cumplido con su deber y no estaba dispuesta a consumirse pensando en males inevitables o a aumentarlos con su ansiedad.