Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Después de haberle visto ahora, nunca habrÃa creÃdo que pudiese portarse tan mal como lo hizo con Wickham ―continuó la señora Gardiner―, no parece un desalmado. Al contrario, tiene un gesto muy agradable al hablar. Y hay también una dignidad en su rostro que a nadie podrÃa hacer pensar que no tiene buen corazón. Pero, a decir verdad, la buena mujer que nos enseñó la casa exageraba un poco su carácter. Hubo veces que casi se me escapaba la risa. Lo que pasa es que debe ser un amo muy generoso y eso, a los ojos de un criado, equivale a todas las virtudes.
Al oÃr esto, Elizabeth creyó que debÃa decir algo en defensa del proceder de Darcy con Wickham. Con todo el cuidado que le fue posible, trató de insinuarles que, por lo que habÃa oÃdo decir a sus parientes de Kent, sus actos podÃan interpretarse de muy distinto modo, y que ni su carácter era tan malo ni el de Wickham tan bueno como en Hertfordshire se habÃa creÃdo. Para confirmar lo dicho les refirió los detalles de todas las transacciones pecuniarias que habÃan mediado entre ellos, sin mencionar cómo lo habÃa sabido, pero afirmando que era rigurosamente cierto.