Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Tienes razón. Hasta que estuve en Kent y traté al señor Darcy y a su primo el coronel Fitzwilliam, yo tampoco lo supe. Cuando llegué a mi casa, la guarnición del condado iba a salir de Meryton dentro de tres semanas, de modo que ni Jane, a quien informé de todo, ni yo creímos necesario divulgarlo; porque ¿qué utilidad tendría que echásemos a perder la buena opinión que tenían de él en Hertfordshire? Y cuando se decidió que Lydia iría con los señores Forster a Brighton, jamás se me ocurrió descubrirle la verdadera personalidad de Wickham, pues no me pasó por la cabeza que corriera ningún peligro de ese tipo. Ya comprenderéis que estaba lejos de sospechar que hubiesen de derivarse tan funestas consecuencias.
―¿Cuando trasladaron la guarnición a Brighton, no tenías idea de que hubiese algo entre ellos?