Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Ni la más mÃnima. No recuerdo haber notado ninguna señal de afecto ni por parte del uno ni por parte del otro. Si hubiese habido algo, ¡buena es mi familia para que les pasara inadvertido! Cuando Wickham entró en el Cuerpo, a Lydia le gustó mucho, pero no más que a todas nosotras. Todas las chicas de Meryton y de los alrededores perdieron la cabeza por él durante los dos primeros meses, pero él nunca hizo a Lydia ningún caso especial, por lo que después de un perÃodo de admiración extravagante y desenfrenada, dejó de acordarse de él y se dedicó a otros oficiales que le prestaban mayor atención.
Aunque pocas cosas nuevas podÃan añadir a sus temores, esperanzas y conjeturas sobre tan interesante asunto, los viajeros lo debatieron durante todo el camino. Elizabeth no podÃa pensar en otra cosa. La más punzante de todas las angustias, el reproche a sà misma, le impedÃa encontrar el menor intervalo de alivio o de olvido.
Anduvieron lo más de prisa que pudieron, pasaron la noche en una posada, y llegaron a Longbourn al dÃa siguiente, a la hora de comer. El único consuelo de Elizabeth fue que no habrÃa hecho esperar a Jane demasiado.