Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Se disponÃa a tratar de todos los particulares sobre sedas, muselinas y batistas, y al instante habrÃa dictado algunas órdenes si Jane no la hubiese convencido, aunque con cierta dificultad, de que primero deberÃa consultar con su marido. Le hizo comprender que un dÃa de retraso no tendrÃa la menor importancia, y la señora Bennet estaba muy feliz para ser tan obstinada como siempre. Además, ya se le habÃan ocurrido otros planes:
―Iré a Meryton en cuanto me vista, a comunicar tan excelentes noticias a mi hermana Philips. Y al regreso podré visitar a lady Lucas y a la señora Long. ¡Catherine, baja corriendo y pide el coche! Estoy segura de que me sentará muy bien tomar el aire. Niñas, ¿queréis algo para Meryton? ¡Oh!, aquà viene Hill. Querida Hill, ¿se ha enterado ya de las buenas noticias? La señorita Lydia va a casarse, y para que brinden por su boda, se beberán ustedes un ponche.
La señora Hill manifestó su satisfacción y les dio sus parabienes a todas. Elizabeth, mareada ante tanta locura, se refugió en su cuarto para dar libre curso a sus pensamientos.