Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio No dudaba que era generoso como el que más, pero mientras viviese, aquello tenÃa que constituir para él un triunfo.
Empezó entonces a comprender que Darcy era exactamente, por su modo de ser y su talento, el hombre que más le habrÃa convenido. El entendimiento y el carácter de Darcy, aunque no semejantes a los suyos, habrÃan colmado todos sus deseos. Su unión habrÃa sido ventajosa para ambos: con la soltura y la viveza de ella, el temperamento de él se habrÃa suavizado y habrÃan mejorado sus modales. Y el juicio, la cultura y el conocimiento del mundo que él poseÃa le habrÃan reportado a ella importantes beneficios.
Pero ese matrimonio ideal ya no podrÃa dar una lección a las admiradoras multitudes de lo que era la felicidad conyugal; la unión que iba a efectuarse en la familia de Elizabeth era muy diferente y excluÃa la posibilidad de la primera.
No podÃan imaginar cómo se las arreglarÃan Wickham y Lydia para vivir con una pasable independencia; pero no le era difÃcil conjeturar lo poco estable que habÃa de ser la felicidad de una pareja unida únicamente porque sus pasiones eran más fuertes que su virtud.