Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Ya comprenderás ―añadÃa― que necesito saber por qué una persona que no tiene nada que ver con nosotros y que propiamente hablando es un extraño para nuestra familia, ha estado con vosotros en ese momento. Te suplico que me contestes a vuelta de correo y me lo expliques, a no ser que haya poderosas razones que impongan el secreto que Lydia dice, en cuyo caso tendré que tratar de resignarme con la ignorancia.
«Pero no lo haré», se dijo a sà misma al acabar la carta; «y querida tÃa, si no me lo cuentas, me veré obligada a recurrir a tretas y estratagemas para averiguarlo».
El delicado sentido del honor de Jane le impidió hablar a solas con Elizabeth de lo que a Lydia se le habÃa escapado. Elizabeth se alegró, aunque de esta manera, si sus pesquisas daban resultado, no podrÃa tener un confidente.