Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Naturalmente ―añadió Elizabeth, a pesar de que se morÃa de curiosidad―, no te preguntaremos nada.
―Gracias ―dijo Lydia―, porque si me preguntáis, os lo contarÃa todo y Wickham se enfadarÃa.
Con semejante incentivo para sonsacarle, Elizabeth se abstuvo de hacerlo y para huir de la tentación se marchó.
Pero ignorar aquello era imposible o, por lo menos, lo era no tratar de informarse. Darcy habÃa asistido a la boda de Lydia. Tanto el hecho como sus protagonistas parecÃan precisamente los menos indicados para que Darcy se mezclase con ellos. Por su cabeza cruzaron rápidas y confusas conjeturas sobre lo que aquello significaba, pero ninguna le pareció aceptable. Las que más le complacÃan, porque enaltecÃan a Darcy, eran aparentemente improbables. No podÃa soportar tal incertidumbre, por lo que se apresuró y cogió una hoja de papel para escribir una breve carta a su tÃa pidiéndole le aclarase lo que a Lydia se le habÃa escapado, si era compatible con el secreto del asunto.