Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio »Bueno; desayunamos a las diez, como de costumbre. Yo creà que aquello no acabarÃa nunca, porque has de saber que los tÃos estuvieron pesadÃsimos conmigo durante todo el tiempo que pasé con ellos. Créeme, no puse los pies fuera de casa en los quince dÃas; ni una fiesta, ninguna excursión, ¡nada! La verdad es que Londres no estaba muy animado; pero el Little Theatre estaba abierto. En cuanto llegó el coche a la puerta, mi tÃo tuvo que atender a aquel horrible señor Stone para cierto asunto. Y ya sabes que en cuanto se encuentran, la cosa va para largo. Bueno, yo tenÃa tanto miedo que no sabÃa qué hacer, porque mi tÃo iba a ser el padrino, y si llegábamos después de la hora, ya no podrÃamos casarnos aquel dÃa. Pero, afortunadamente, mi tÃo estuvo listo a los dos minutos y salimos para la iglesia. Pero después me acordé de que si tÃo Gardiner no hubiese podido ir a la boda, de todos modos no se habrÃa suspendido, porque el señor Darcy podÃa haber ocupado su lugar.
¡El señor Darcy! ―repitió Elizabeth con total asombro.
¡Claro! Acompañaba a Wickham, ya sabes. Pero ¡ay de mÃ, se me habÃa olvidado! No debà decirlo. Se lo prometà fielmente. ¿Qué dirá Wickham? ¡Era un secreto!
―Si era un secreto ―dijo Jane― no digas ni una palabra más. Yo no quiero saberlo.