Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio La pérdida de su hija sumió en la tristeza a la señora Bennet por varios dÃas.
―Muchas veces pienso ―decÃa― que no hay nada peor que separarse de las personas queridas. ¡Se queda una tan desamparada sin ellas!
―Pues ya ves, ésa es una consecuencia de casar a las hijas ―observó Elizabeth―. Te hará más feliz que las otras cuatro sigamos solteras.
No es eso. Lydia no me abandona porque se haya casado, sino porque el regimiento de su marido está lejos. Si hubiera estado más cerca, no se habrÃa marchado tan pronto.
Pero el desaliento que este suceso le causó se alivió en seguida y su mente empezó a funcionar de nuevo con gran agitación ante la serie de noticias que circulaban por aquel entonces. El ama de llaves de Netherfield habÃa recibido órdenes de preparar la llegada de su amo que iba a tener lugar dentro de dos o tres dÃas, para dedicarse a la caza durante unas semanas. La señora Bennet estaba nerviosÃsima. Miraba a Jane y sonreÃa y sacudÃa la cabeza alternativamente.