Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Es delicioso tener una hija bien casada ―siguió diciendo―, pero al mismo tiempo, señor Bingley, es muy duro que se me haya ido tan lejos. Se han trasladado a Newcastle, que cae muy al Norte, según creo, y allà estarán no sé cuánto tiempo. El regimiento de mi yerno está destinado allÃ, porque habrán usted oÃdo decir que ha dejado la guarnición del condado y que se ha pasado a los regulares. Gracias a Dios tiene todavÃa algunos amigos, aunque quizá no tantos como merece.
Elizabeth, sabiendo que esto iba dirigido a Darcy, sintió tanta vergüenza que apenas podÃa sostenerse en la silla. Sin embargo, hizo un supremo esfuerzo para hablar y preguntó a Bingley si pensaba permanecer mucho tiempo en el campo. El respondió que unas semanas.
―Cuando haya matado usted todos sus pájaros, señor Bingley ―dijo la señora Bennet―, venga y mate todos los que quiera en la propiedad de mi esposo. Estoy segura que tendrá mucho gusto en ello y de que le reservará sus mejores nidadas.