Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Bueno, niñas ―dijo la madre en cuanto se hubieron ido todos―, ¿qué me decÃs? A mi modo de ver todo ha ido hoy a pedir de boca. La comida ha estado tan bien presentada como las mejores que he visto; el venado asado, en su punto, y todo el mundo dijo que las ancas eran estupendas; la sopa, cincuenta veces mejor que la que nos sirvieron la semana pasada en casa de los Lucas; y hasta el señor Darcy reconoció que las perdices estaban muy bien hechas, y eso que él debe de tener dos o tres cocineros franceses. Y, por otra parte, Jane querida, nunca estuviste más guapa que esta tarde; la señora Long lo afirmó cuando yo le pregunté su parecer. Y ¿qué crees que me dijo, además? «¡Oh, señora Bennet, por fin la tendremos en Netherfield!» Asà lo dijo. Opino que la señora Long es la mejor persona del mundo, y sus sobrinas son unas muchachas muy bien educadas y no son feas del todo; me gustan mucho.
Total que la señora Bennet estaba de magnÃfico humor. Se habÃa fijado lo bastante en la conducta de Bingley para con Jane para convencerse de que al fin lo iba a conseguir. Estaba tan excitada y sus fantasÃas sobre el gran porvenir que esperaba a su familia fueron tan lejos de lo razonable, que se disgustó muchÃsimo al ver que Bingley no se presentaba al dÃa siguiente para declararse.