Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Entró en la estancia con aire todavÃa más antipático que de costumbre; contestó al saludo de Elizabeth con una simple inclinación de cabeza, y se sentó sin decir palabra. Elizabeth le habÃa dicho su nombre a la señora Bennet, cuando entró Su SeñorÃa, aunque ésta no habÃa solicitado ninguna presentación.
La señora Bennet, pasmadÃsima aunque muy ufana al ver en su casa a persona de tanto rango, la recibió con la mayor cortesÃa. Estuvieron sentadas todas en silencio durante un rato, hasta que al fin lady Catherine dijo con empaque a Elizabeth:
―Supongo que estará usted bien, y calculo que esa señora es su madre.
Elizabeth contestó que sà concisamente.
―Y esa otra imagino que será una de sus hermanas.
―SÃ, señora ―respondió la señora Bennet muy oronda de poder hablar con lady Catherine―. Es la penúltima; la más joven de todas se ha casado hace poco, y la mayor está en el jardÃn paseando con un caballero que creo no tardará en formar parte de nuestra familia.
―Tienen ustedes una finca muy pequeña ―dijo Su SeñorÃa después de un corto silencio.