Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Señorita Bennet ―repuso Su SeñorÃa con tono enfadado―, debe usted saber que no me gustan las bromas; por muy poco sincera que usted quiera ser, yo no soy asÃ. Mi carácter ha sido siempre celebrado por su lealtad y franqueza y en un asunto de tanta importancia como el que aquà me trae me apartaré mucho menos de mi modo de ser. Ha llegado a mis oÃdos que no sólo su hermana está a punto de casarse muy ventajosamente, sino que usted, señorita Bennet, es posible que se una después con mi sobrino Darcy. Aun sabiendo que esto es una espantosa falsedad y aunque no quiero injuriar a mi sobrino, admitiendo que haya algún asomo de verdad en ello, decidà en el acto venir a comunicarle a usted mis sentimientos.
―Si creyó usted de veras que eso era imposible -replicó Elizabeth roja de asombro y de desdén-, me admira que se haya molestado en venir tan lejos. ¿Qué es lo que se propone?
―Ante todo, intentar que esa noticia sea rectificada en todas sus partes.
―Su venida a Longbourn para visitarme a mà y a mi familia ―observó Elizabeth frÃamente―, la confirmará con más visos de verdad, si es que tal noticia ha circulado.
―¿Que si ha circulado? ¿Pretende ignorarlo? ¿No han sido ustedes mismos los que se han tomado el trabajo de difundirla?