Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Ah, criatura tozuda y obstinada! ¡Me da usted vergüenza! ¿Es esa su gratitud por mis atenciones en la pasada primavera? Sentémonos. Ha de saber usted, señorita Bennet, que he venido aquà con la firme resolución de conseguir mi propósito. No me daré por vencida. No estoy acostumbrada a someterme a los caprichos de nadie; no estoy hecha a pasar sinsabores.
―Esto puede que haga más lastimosa la situación actual de Su SeñorÃa, pero a mà no me afecta. ―¡No quiero que me interrumpa! Escuche usted en silencio. Mi hija y mi sobrino han sido formados el uno para el otro. Por lÃnea materna descienden de la misma ilustre rama, y por la paterna, de familias respetables, honorables y antiguas, aunque sin tÃtulo. La fortuna de ambos lados es espléndida. Están destinados el uno para el otro por el voto de todos los miembros de sus casas respectivas; y ¿qué puede separarlos? Las intempestivas pretensiones de una muchacha de humilde cuna y sin fortuna. ¿Cómo puede admitirse? ¡Pero no ocurrirá! Si velara por su propio bien, no querrÃa salir de la esfera en que ha nacido.
―Al casarme con su sobrino no creerÃa salirme de mi esfera. Él es un caballero y yo soy hija de otro caballero; por consiguiente, somos iguales.
―Asà es; usted es hija de un caballero. Pero, ¿quién es su madre? ¿Quiénes son sus tÃos y tÃas? ¿Se figura que ignoro su condición?