Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Pues eso es lo que lo hace más gracioso. Si hubiesen pensado en otro hombre, no tendrÃa nada de particular; pero la absoluta indiferencia de Darcy y la profunda tirria que tú le tienes, es lo que hace el chiste. Por mucho que me moleste escribir, no puedo prescindir de la correspondencia de Collins. La verdad es que cuando leo una carta suya, me parece superior a Wickham, a pesar de que tengo a mi yerno por el espejo de la desvergüenza y de la hipocresÃa. Y dime, Eliza, ¿cómo tomó la cosa lady Catherine? ¿Vino para negarte su consentimiento?
A esta pregunta Elizabeth contestó con una carcajada, y como su padre se la habÃa dirigido sin la menor sospecha, no le importaba ―que se la repitiera. Elizabeth no se habÃa visto nunca en la situación de fingir que sus sentimientos eran lo que no eran en realidad. Pero ahora tuvo que reÃr cuando más bien habrÃa querido llorar. Su padre la habÃa herido cruelmente al decirle aquello de la indiferencia de Darcy, y no pudo menos que maravillarse de la falta de intuición de su padre, o temer que en vez de haber visto él demasiado poco, hubiese ella visto demasiado mucho.