Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―No repita todas mis palabras de aquel dÃa. Hemos de borrar ese recuerdo. Le juro que hace tiempo que estoy sinceramente avergonzada de aquello.
Darcy le habló de su carta:
―¿Le hizo a usted rectificar su opinión sobre m� ¿Dio crédito a su contenido?
Ella le explicó el efecto que le habÃa producido y cómo habÃan ido desapareciendo sus anteriores prejuicios.
―Ya sabÃa ―prosiguió Darcy― que lo que le escribà tenÃa que apenarla, pero era necesario. Supongo que habrá destruido la carta. HabÃa una parte, especialmente al empezar, que no querrÃa que volviese usted a leer. Me acuerdo de ciertas expresiones que podrÃan hacer que me odiase.
―Quemaremos la carta si cree que es preciso para preservar mi afecto, pero aunque los dos tenemos razones para pensar que mis opiniones no son enteramente inalterables, no cambian tan fácilmente como usted supone.
―Cuando redacté aquella carta ―replicó Darcy me creÃa perfectamente frÃo y tranquilo; pero después me convencà de que la habÃa escrito en un estado de tremenda amargura.