Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Es decir, que le dio usted su permiso. Ya lo sospechaba.
Y aunque él protestó de semejantes términos, ella encontró que eran muy adecuados.
―La tarde anterior a mi viaje a Londres ―dijo Darcy― le hice una confesión que debà haberle hecho desde mucho antes. Le dije todo lo que habÃa ocurrido para convertir mi intromisión en absurda e impertinente. Se quedó boquiabierto. Nunca habÃa sospechado nada. Le dije además que me habÃa engañado al suponer que Jane no le amaba, y cuando me di cuenta de que Bingley la seguÃa queriendo, ya no dudé de que serÃan felices.
Elizabeth no pudo menos que sonreÃr al ver cuán fácilmente manejaba a su amigo.
―Cuando le dijo que mi hermana le amaba, ¿fue porque usted lo habÃa observado o porque yo se lo habÃa confesado la pasada primavera?
―Por lo primero. La observé detenidamente durante las dos visitas que le hice últimamente, y me quedé convencido de su cariño por Bingley.
―Y su convencimiento le dejó a él también convencido, ¿verdad?