Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Todas las jóvenes perfectas! Mi querido Charles, ¿qué dices?
―SÃ, todas. Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No conozco a ninguna que no sepa hacer todas estas cosas, y nunca he oÃdo hablar de una damita por primera vez sin que se me informara de que era perfecta.
―Tu lista de lo que abarcan comúnmente esas perfecciones ―dijo Darcy― tiene mucho de verdad. El adjetivo se aplica a mujeres cuyos conocimientos no son otros que hacer bolsos de malla o forrar biombos. Pero disto mucho de estar de acuerdo contigo en lo que se refiere a tu estimación de las damas en general. De todas las que he conocido, no puedo alardear de conocer más que a una media docena que sean realmente perfectas.
―Ni yo, desde luego ―dijo la señorita Bingley.
―Entonces observó Elizabeth― debe ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente.
―SÃ, es muy exigente.