Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Lizzy ―exclamó su madre―, recuerda dónde estás y deja de comportarte con esa conducta intolerable a la que nos tienes acostumbrados en casa.
―No sabÃa que se dedicase usted a estudiar el carácter de las personas ―prosiguió Bingley inmediatamente―. Debe ser un estudio apasionante.
―SÃ; y los caracteres complejos son los más apasionantes de todos. Por lo menos, tienen esa ventaja.
―El campo ―dijo Darcy― no puede proporcionar muchos sujetos para tal estudio. En un pueblo se mueve uno en una sociedad invariable y muy limitada.
―Pero la gente cambia tanto, que siempre hay en ellos algo nuevo que observar.
―Ya lo creo que sà ―exclamó la señora Bennet, ofendida por la manera en la que habÃa hablado de la gente del campo―; le aseguro que eso ocurre lo mismo en el campo que en la ciudad.
Todo el mundo se quedó sorprendido. Darcy la miró un momento y luego se volvió sin decir nada. La señora Bennet creyó que habÃa obtenido una victoria aplastante sobre él y continuó triunfante:
―Por mi parte no creo que Londres tenga ninguna ventaja sobre el campo, a no ser por las tiendas y los lugares públicos. El campo es mucho más agradable. ¿No es asÃ, señor Bingley?