Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Y ese defecto es la propensión a odiar a todo el mundo.
―Y el suyo respondió él con una sonrisa― es el interpretar mal a todo el mundo intencionadamente. ―Oigamos un poco de música ―propuso la señorita Bingley, cansada de una conversación en la que no tomaba parte―. Louisa, ¿no te importará que despierte al señor Hurst?
Su hermana no opuso la más mÃnima objeción, y abrió el piano; a Darcy, después de unos momentos de recogimiento, no le pesó. Empezaba a sentir el peligro de prestarle demasiada atención a Elizabeth.