Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne contuvo una sonrisa, y escuchó amablemente, mientras la señora Musgrove desahogaba un poco más su corazón; así que durante unos minutos no fue capaz de seguir la conversación de los otros. Cuando pudo dejar que su atención siguiera otra vez su curso natural, descubrió que las señoritas Musgrove traían el escalafón de la Marina (el de ellas, el primero que había en Uppercross), y se sentaban a estudiarlo, con la declarada intención de averiguar qué barcos había mandado el capitán Wentworth.
—El primero fue el Asp, recuerdo; vamos a buscar el Asp.
—No lo encontrarán ahí. Envejeció y lo han desguazado. Yo fui el último que lo mandó. Estaba ya casi inservible entonces. Luego lo declararon apto para el servicio en aguas nacionales por un año o dos, y a mí me destinaron a las Indias Occidentales.
Las jóvenes estaban admiradas.
—El almirantazgo —prosiguió él— se divierte de vez en cuando mandando a navegar a unos centenares de hombres en un barco que ya no sirve. Pero tienen muchísima gente con que dotarlos; y entre los miles que pueden irse al fondo les es imposible distinguir a los que menos importa perder.