Persuasion & Sanditon

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El tamaño del cuerpo y el dolor del espíritu no guardan necesariamente proporción. Una figura voluminosa y abundante tiene tanto derecho a afligirse profundamente como las criaturas más gráciles del mundo. Pero, justas o no, hay conjunciones desafortunadas que la razón avalará en vano, el gusto no tolerará, y en las que se cebará el ridículo.

El almirante, después de dar dos o tres vueltas por el salón para refrescarse, con las manos cogidas detrás, y de que su esposa le llamara al orden, fue ahora a donde estaba el capitán Wentworth; y sin mirar si interrumpía, y atento sólo a sus propios pensamientos, empezó:

—Si llega usted a tocar Lisboa una semana más tarde la pasada primavera, Frederick, le habría pedido que se trajera a lady Mary Grierson y sus hijas.

—¿De veras? Entonces me alegro de no haber estado allí una semana más tarde.

El almirante le censuró su falta de galantería. Él se defendió; aunque proclamando que jamás admitiría de buen grado damas a bordo de su barco, salvo si se celebraba algún baile o se efectuaba una visita, lo que sería cosa de unas horas.


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