Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Pero, si no me conozco mal —dijo—, no es por falta de galanterÃa. Es, antes bien, porque me doy cuenta de lo imposible que es ofrecer a bordo las comodidades que como mujeres les corresponden, por muchos esfuerzos y sacrificios que uno haga. No es falta de galanterÃa, almirante, situar muy alto el derecho de una mujer a toda clase de comodidades personales… y eso es lo que hago. No me gusta oÃr hablar de mujeres a bordo, o verlas a bordo; y ningún barco que esté bajo mi mando llevará nunca una familia de damas a ninguna parte si puedo evitarlo.
Esto le valió el reproche de su hermana.
—¡Oh, Frederick! No puedo creerlo de ti. ¡Eso no es más que delicadeza superflua! Las mujeres pueden sentirse tan cómodas a bordo como en la mejor casa de Inglaterra. Yo creo que he vivido a bordo más que la mayorÃa, y no conozco nada que aventaje en comodidades a un buque de guerra. Te aseguro que no tengo aquÃ, ni en Kellynch Hall —con una inclinación de cabeza a Anne—, ni una sola comodidad ni atención que no haya tenido en la mayorÃa de los barcos en los que he estado; que han sido cinco en total.
—Eso no tiene nada que ver —replicó su hermano—. Tú ibas con tu marido; y eras la única mujer a bordo.