Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Su impresión al darse cuenta la dejó completamente sin habla. No pudo darle las gracias siquiera. Sólo fue capaz de inclinarse sobre Charles embargada por las emociones. Su amabilidad al acercarse a ayudarla, la manera, el silencio con que lo habÃa hecho, los pequeños detalles de la acción, junto al convencimiento que no tardó en imponérsele —por el bullicio que estudiadamente estaba haciendo con el niño— de que pretendÃa no oÃrla darle las gracias, y trataba más bien de demostrar que lo último que querÃa era hablar con ella, le ocasionaron tal tumulto de emociones contradictorias y dolorosas, que no logró recobrarse hasta que la entrada de Mary y las señoritas Musgrove le permitió transferir el pequeño paciente a sus cuidados y abandonar la habitación. No fue capaz de permanecer allÃ. PodÃa haber sido una ocasión para observar el amor y los celos de los cuatro: ahora estaban juntos, pero no podÃa quedarse ni por lo uno ni por lo otro. Estaba claro que a Charles Hayter no le hacÃa gracia el capitán Wentworth. Se lo habÃa notado en el tono enfadado con que habÃa dicho, tras intervenir el capitán: «DebÃas haberme hecho caso, Walter; te he dicho que no molestaras a tu tÃa»; y comprendió su resquemor por que el capitán Wentworth hubiera hecho lo que habrÃa tenido que hacer él. Pero no le interesaban los sentimientos de Charles Hayter, ni los de nadie, hasta tanto no pusiera un poco de orden en los suyos. Se avergonzaba de sà misma, se avergonzaba de ser tan nerviosa, de dejarse dominar por semejante pequeñez; pero asà era, y necesitaba una larga dosis de soledad y reflexión para recobrarse.