Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne estaba todavía en el sendero. Y aunque había empezado a rechazar instintivamente la invitación, no la dejaron seguir. La amable solicitud del almirante acudió en apoyo de la de su esposa: no consintieron que se negara. Se comprimieron lo más posible para dejarle un rincón; y el capitán Wentworth, Sin decir palabra, se volvió a ella y la obligó tranquilamente a dejarse ayudar a subir.
Sí: la había ayudado. Estaba en el coche, y se daba cuenta de que había sido él quien la había colocado allí, que lo habían hecho su voluntad y sus manos; que se lo debía a que la había notado cansada, y a su decisión de proporcionarle descanso. Estaba muy afectada por la actitud hacia ella que estas cosas revelaban. Este pequeño detalle parecía la culminación de todo lo anterior. Anne le comprendía. No la perdonaba, pero no era insensible. Aunque la condenaba por lo pasado, y pensaba en ello con injusto resentimiento, aunque no tenía interés por ella, y aunque se enamorase de otra, no podía verla sufrir sin procurar aliviarla. Era lo que quedaba de un antiguo sentimiento; era un impulso de pura aunque inconfesada amistad; era una prueba de su corazón amable y afectuoso, que Anne no podía ver sin sentir emociones tan mezcladas de gozo y dolor que no sabía cuál de éstos predominaba.