Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Después de buscar alojamiento y encargar la cena en una de las posadas, lo primero que había que hacer era sin duda alguna dar un paseo hasta el mar. Habían ido en una época del año demasiado tardía para cualquier diversión o variedad que Lyme, como lugar de veraneo, hubiera podido ofrecer; los alojamientos de alquiler estaban cerrados, los huéspedes se habían ido casi todos, apenas quedaban familias, aparte de los residentes… y como no hay nada que admirar en los edificios propiamente dichos, la mirada del forastero buscará la situación privilegiada del pueblo, la calle principal casi precipitándose en el agua, el paseo al Cobb, que bordea la pequeña bahía, tan animada en la temporada con la gente y las máquinas de baño, el mismo Cobb, sus viejas maravillas y sus nuevas mejoras, y la hermosísima línea de acantilados extendiéndose hacia el este. Y muy raro ha de ser el forastero que no descubra en los alrededores inmediatos de Lyme encantos que le hagan desear conocerlo mejor. Los escenarios de las cercanías, Charmouth, con sus tierras altas y sus dilatadas perspectivas, y aún más su bahía mansa y recogida, cercada de oscuros acantilados, de cuya playa emergen fragmentos de roca que constituyen espléndidos puntos para observar la corriente de la marea, para permanecer sentados en incansable contemplación; la variedad boscosa del alegre pueblecito de Up Lyme y sobre todo Pinny, con sus verdes quebradas entre peñas románticas donde los árboles dispersos del bosque y los huertos de lujuriante vegetación proclaman que han pasado muchas generaciones desde que el primer desmoronamiento parcial de la escarpadura preparó el terreno para semejante estado, donde se exhibe un paisaje tan maravilloso y espléndido que puede más que igualar las perspectivas de la famosísima isla de Wight: lugares que deben ser visitados más de una vez para comprender toda la belleza de Lyme.