Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon No tenÃa herida, ni sangre, ni contusión ninguna. Pero sus ojos estaban cerrados, no respiraba, y su rostro parecÃa muerto. ¡Qué momento de horror para los que la rodeaban!
El capitán Wentworth, que la habÃa levantado, estaba de rodillas con ella en brazos, mirándola con la cara tan pálida como la de ella, y mudo de angustia.
—¡Está muerta! ¡Está muerta! —gritó Mary agarrándose a su marido, y contribuyendo a inmovilizarle con su propio horror; un instante después, Henrietta, dominada por este convencimiento, se desmayó, y se habrÃa caÃdo por la escalera si no llega a ser por el capitán Benwick y Anne, que la cogieron y la sostuvieron entre los dos.
—¿Alguien puede ayudarme? —fueron las primeras palabras que le salieron al capitán Wentworth en un tono de desesperación, y como si le abandonasen las fuerzas.
—Vaya con él —exclamó Anne—; por el amor de Dios, vaya con él. Puedo sostenerla yo sola. Déjeme y vaya con él. Frótele las manos, frótele las sienes. Aquà tiene sales; lléveselas, lléveselas.