Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon En cuanto a la desgracia propiamente dicha, sólo hablaron de ella como dos señoras sensatas y formales cuyo juicio se atenÃa a los hechos; y estaba totalmente claro que habÃa sido consecuencia del mucho atolondramiento y la mucha imprudencia; que su efecto era de lo más alarmante, y que asustaba pensar el tiempo que debÃa pasar en la incertidumbre de la recuperación de la señorita Musgrove y lo probable que era que le quedase alguna secuela de la conmoción. El almirante puso tajantemente fin a esto, exclamando:
—SÃ; desde luego ha sido muy mal asunto, ¡y una nueva forma de galanteo, eso de partirle la cabeza el enamorado a su amada! ¿No le parece a usted, señorita Elliot? ¡Eso sà que es romper la cabeza para poner la venda!
Los modales del almirante no tenÃan precisamente el tono que más agradaba a lady Russell, pero encantaron a Anne. Su campechanÃa y su sencillez de carácter eran irresistibles.
—Debe de ser muy penoso para usted —dijo el almirante, despertando de pronto de un pequeño ensimismamiento— venir y encontrarnos aquÃ. Confieso que no me acordaba; pero debe de ser muy penoso. Pero vamos, dejen a un lado las formalidades, y suban a ver los aposentos de la casa, si lo desean.
—En otra ocasión, señor. Se lo agradezco, pero ahora no.