Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¿Y qué tal se encuentra Mary? —dijo sir Walter, que no podÃa más de satisfacción—. La última vez que la vi tenÃa la nariz colorada; aunque supongo que no siempre estará asÃ.
—Ah, no; eso debió de ser completamente pasajero. En general ha estado bien de salud, y con muy buen aspecto, desde últimos de septiembre.
—Si supiera que no va a tratar de salir con viento frÃo, y estropearse el cutis, le enviarÃa una pelliza y un sombrero nuevos.
Estaba pensando Anne si sugerirle que un vestido o un gorro no correrÃan peligro de ser utilizados de manera tan incorrecta, cuando unos golpes en la puerta lo dejaron todo en suspenso. Llamaban. ¡Tan tarde! Eran las diez. ¿SerÃa el señor Elliot? SabÃan que iba cenar en Lansdown Crescent. Quizá habÃa decidido detenerse, camino de su casa, para preguntar cómo estaban. No se les ocurrÃa quién, si no, podrÃa ser. La señora Clay no tenÃa duda de que era la forma de llamar del señor Elliot. Y acertó. Con toda la ceremonia que un mayordomo-lacayo podÃa prestar, el señor Elliot fue introducido en el salón.