Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon En el transcurso de una segunda visita habló con gran franqueza, haciendo que aumentara el asombro de Anne. Apenas podÃa imaginar una situación más triste que la de la señora Smith. HabÃa querido muchÃsimo a su marido… y le habÃa enterrado. Se habÃa acostumbrado a la opulencia… y la habÃa perdido. No tenÃa hijos que la volvieran a conectar con la vida y la felicidad, ni parientes que la ayudaran a ordenar sus embrollados intereses, ni salud que hiciera soportable todo lo demás. Su alojamiento consistÃa en un gabinete ruidoso con un dormitorio oscuro detrás, y era incapaz de trasladarse del uno al otro sin ayuda —que sólo podÃa prestársela la única criada de la casa—, por lo que jamás salÃa si no era para ser llevada a los baños termales. Sin embargo, a pesar de esto, Anne tenÃa motivos para creer que sus depresiones y su languidez eran sólo momentáneas, y que eran muchas sus horas de ocupación y disfrute. ¿Cómo podÃa ser? Miró, observó, reflexionó, y finalmente concluyó que éste no era un caso de mera fortaleza o resignación. Un espÃritu sumiso podÃa ser paciente, un entendimiento fuerte aportarÃa resolución; pero aquà habÃa algo más: habÃa esa flexibilidad de espÃritu, esa disposición a encontrar consuelo, esa capacidad para elevarse del mal al bien, y de hallar una ocupación que la sacara de sà misma, que sólo pertenecÃan a la naturaleza. Era el don más preciado del Cielo; y Anne vio a su amiga como uno de esos casos que, por piadoso designio, parecen destinados a superar casi todas las carencias.