Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne, lejos de criticar este deleite, contestó:
—Lo creo. Las mujeres de esa clase tienen infinidad de ocasiones, y si son inteligentes, vale la pena escucharlas. ¡La variedad de personajes que suelen conocer! Y no sólo conocen bien las extravagancias de la gente; también las ven en situaciones interesantes o conmovedoras. Qué casos deben de presenciar de afecto ardiente, desinteresado y abnegado, de heroÃsmo, de entereza, paciencia y resignación… de los conflictos y sacrificios que más nos ennoblecen. El aposento de un enfermo equivale a menudo a libros enteros.
—Sà —dijo la señora Smith más dubitativa—; a veces quizá, aunque me temo que sus lecciones no tienen muchas veces el estilo elevado que tú describes. Aquà y allá, la naturaleza humana puede verse sometida a pruebas difÃciles, pero en general, es su debilidad y no su fortaleza lo que aflora en el aposento del enfermo; es de egoÃsmo e impaciencia, más que de generosidad y fortaleza, de lo que oÃmos hablar. ¡Hay tan poca amistad verdadera en el mundo! Y por desgracia —hablando en voz baja y trémula—, hay muchos que se olvidan de pensar seriamente hasta que es demasiado tarde.