Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Ahora sintió ella un vivo deseo de asomarse a la puerta: quería comprobar si seguía lloviendo. ¿Por qué iba a recelar de sí misma otro motivo? El capitán Wentworth debía haberse perdido de vista ya. Se levantó y fue, ya que una mitad de sí misma no siempre era tan discreta como la otra, o sospechaba que la otra era peor de lo que era en realidad. Saldría a ver si llovía. Pero se quedó paralizada al ver entrar al capitán Wentworth con un grupo de caballeros y damas, evidentemente conocidos suyos, a los que debió de unirse algo más abajo, en Milsom-street. Su sorpresa y su confusión al verla fueron manifiestamente mayores de lo que ella había notado otras veces. Se puso colorado. Por primera vez, desde que volvían a tratarse, se dio cuenta Anne de que, de los dos, era a ella a quien menos traicionaba la emoción: contaba con la ventaja de los últimos segundos. A ella ya se le habían pasado los primeros efectos paralizantes, ofuscadores, anonadadores de la sorpresa. ¡Aunque aún se sentía dominada por sentimientos encontrados! Nerviosismo, opresión, placer, y una emoción que estaba entre el gozo y la desventura.
La saludó y luego se alejó. Su actitud fue de embarazo; Anne no podía calificarla de fría o amable, ni de otra cosa que de confusión.