Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon A la mañana siguiente Anne salió con su amiga, y durante la primera hora mantuvo una especie de vigilancia constante y temerosa esperando verle aparecer, aunque en vano; por último, cuando regresaban por Pulteney-street, le divisó por la acera de la derecha, a una distancia como para tenerlo a la vista durante casi todo el recorrido de la calle. Iba rodeado de gente, personas que llevaban su misma dirección; pero no cabía duda de que era él. Anne miró instintivamente a lady Russell, aunque no porque se le ocurriera la disparatada idea de que le hubiera reconocido a la vez que ella. No; lady Russell no le descubriría hasta que lo tuviera enfrente. No obstante, la observaba de vez en cuando con ansiedad; y cuando se acercó el momento en que no tenía más remedio que verle, aunque sin atreverse a volver a mirar (porque sabía que no debía dejar que lady Russell leyese en su cara), fue perfectamente consciente de que los ojos de su amiga se habían vuelto exactamente en la dirección de él; de que, en suma, lo estaba observando. Comprendía totalmente la clase de fascinación que debía ejercer en el espíritu de lady Russell, lo difícil que le debía de ser apartar la mirada, el asombro que debía de sentir, sabiendo que habían pasado por él ocho o nueve años, además de haber estado en climas extranjeros y en servicio activo, sin que le hubieran arrebatado una sola de sus gracias personales.