Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne no veía nada, ni pensaba nada del esplendor del salón. La felicidad le brotaba de dentro. Tenía los ojos brillantes, las mejillas encendidas… pero no se daba cuenta de nada. Sólo pensaba en la última media hora, y cuando ocuparon los asientos, su cerebro se lanzó presuroso por esos derroteros. Los temas que él había abordado, lo que había dicho, y más aún su actitud y expresión, habían sido tales que sólo se podían interpretar de una manera. Su opinión sobre la inferioridad de Louisa Musgrove, opinión que había parecido interesado en dar, su asombro ante la decisión del capitán Benwick, su interpretación como un impulso primario, y repentino, sus frases iniciadas que no había podido terminar, sus ojos apartados, y su mirada expresiva… todo proclamaba que su corazón volvía a ella; ya no existía aquel enojo, aquel rencor, aquel evadirse; y habían venido a sustituirlos, no meramente la amistad y la estima, sino el cariño del pasado; sí, una parte de aquel cariño. Para ella, el cambio no podía significar otra cosa: la amaba.