Persuasion & Sanditon

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Estos pensamientos, y las visiones que los acompañaban, la absorbían y agitaban de tal modo que le impedían fijarse en nada, de modo que cruzó el salón sin verle, sin intentar siquiera localizarle. Cuando escogieron sitio, y estuvieron debidamente acomodados, miró alrededor para ver si estaba en el mismo lado de la estancia; pero no, no consiguió descubrirle; y como empezaba el concierto, tuvo que conformarse con una dicha más modesta.

El grupo se había dividido, distribuyéndose en dos bancos contiguos: Anne estaba en el de delante, y el señor Elliot se las había arreglado tan bien, con ayuda de su amigo el coronel Wallis, que había conseguido sentarse a su lado. La señorita Elliot, rodeada de sus primas, y principal destinataria de la galantería del coronel Wallis, estaba absolutamente encantada.

El espíritu de Anne se hallaba en un estado de lo más apto para la diversión de la velada: le brindaba ocupación suficiente, se sentía sensible para lo delicado, animada para lo alegre, atenta para lo científico y paciente para lo aburrido; y nunca le gustó más un concierto, al menos durante la primera parte. Hacia el final, en el descanso que sucedió a una canción italiana, explicó la letra de la canción al señor Elliot. Los dos compartían un programa del concierto.


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