Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —El sentido de la letra —dijo—, o más bien su significado, porque no debe hablarse del sentido de una canción amorosa italiana, sino de su significado, es más o menos ése en mi opinión; aunque no quiero decir con esto que domine esa lengua. No conozco bien el italiano.
—SÃ, sÃ; ya lo veo. Ya me doy cuenta de que la desconoce. Sólo tiene conocimientos suficientes para traducir versos italianos llenos de transposiciones, hipérbatos y cesuras a un inglés claro, comprensible y elegante. No necesita añadir más sobre su ignorancia: ahà está la prueba concluyente.
—No voy a replicar a su amable cortesÃa; pero lamentarÃa que me examinase un experto en la materia.
—No he tenido el placer de visitar tanto tiempo Camden-place —contestó él— sin haber conocido un poco a la señorita Anne Elliot, a la que considero tan modesta que el mundo en general sólo tiene idea de la mitad de sus méritos, y de una cultura tan vasta que cualquier otra mujer se guardarÃa muy mucho de callar por modestia.
—¡Por favor, por favor! Eso es halagar demasiado. Se me ha olvidado lo que vamos a oÃr a continuación —volviendo al programa.
—Quizá —dijo el señor Elliot, hablando en voz baja— conozco su carácter más de lo que usted se imagina.