Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —No —dijo Anne—. Yo también pienso asà de mi primo. Parece que tiene un carácter sereno, decidido, nada propenso a dejarse impresionar peligrosamente. Le tengo un gran respeto, y no he observado nada que me dé motivo para pensar de otro modo. Pero no hace mucho que le conozco. Y me da la impresión de que no es un hombre al que se le conozca a fondo desde el primer momento. ¿No te convence esta manera de hablar de que no representa nada especial para mÃ? Como ves, hablo de esto con toda la calma. Y te doy mi palabra de que no representa nada para mÃ. Si se me llegara a declarar (cosa que no tengo motivos para suponer), no le aceptarÃa. Te lo aseguro. Y te aseguro que el señor Elliot no ha contribuido como supones al placer que me proporcionó el concierto de anoche; en absoluto; no es el señor Elliot el que…
Se calló, lamentando ruborizada haber dicho tanto; aunque de haber dicho menos habrÃa sido suficiente. La señora Smith no habrÃa creÃdo tan pronto en un fracaso del señor Elliot, de no haber comprendido que habÃa otro. Asà que se rindió, aparentando no haberse dado cuenta de nada; Anne, deseosa de evitar dar nuevas pistas, se apresuró a preguntar a la señora Smith qué le habÃa hecho pensar que iba a casarse con el señor Elliot, de dónde habÃa sacado la idea, o a quién se la habÃa oÃdo.
—Anda, dime cómo se te ha ocurrido.