Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Sí. Te he mostrado cómo era el señor Elliot hace una docena de años; te voy a mostrar cómo es hoy. No puedo aportar otra prueba escrita, pero puedo ofrecerte el testimonio oral que quieras de lo que pretende ahora, y de lo que hace. Ahora no es hipócrita. Quiere de veras casarse contigo. Sus actuales atenciones a tu familia son sinceras, le salen del alma. Y te voy a decir mi fuente de información: su amigo el coronel Wallis.
—¿El coronel Wallis? ¿Le conoces?
—No. No me llega tan en línea recta; hace un ángulo o dos, aunque de poca importancia. El caudal es tan bueno como en mi nacimiento; la poca broza que recoge en las curvas es fácil de eliminar. El señor Elliot le cuenta sin reservas al coronel Wallis sus proyectos respecto a ti; mi impresión es que este coronel Wallis es un hombre sentado, prudente y perspicaz; pero tiene una esposa guapa y tonta a la que hace confidencias que debería callar; o sea, se lo cuenta todo. Y ella, llevada de la euforia de su recuperación, se lo repite a su enfermera; y la enfermera, que sabe lo amigas que somos tú y yo, viene a contármelo, como es natural. Y el lunes por la noche mi buena amiga la señora Rooke me puso al corriente de los secretos de Malborough-buildings. De manera que cuando te he dicho que sabía toda la historia no hablaba por hablar como creías.