Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¡Una escena encantadora! —exclamó la señora Clay, sin atreverse, no obstante, a levantar los ojos hacia Anne—. ¡Exactamente como un padre y un hijo! DÃgame, mi buena señorita Elliot, ¿puedo llamarlos padre e hijo?
—¡Oh! Yo no soy quién para prohibir a nadie que utilice los términos que le plazca. ¡Eso es ocurrencia suya! Pero le doy mi palabra de que sus atenciones tienen para mà tanto valor como las de cualquiera.
—¡Mi querida señorita Elliot! —exclamó la señora Clay, alzando las manos y los ojos, y dejando el resto de su asombro en un oportuno silencio.
—Bueno, mi querida Penélope, no hace falta que te alarmes por él. Lo he invitado. Lo he despedido con sonrisas. Al enterarme de que mañana se va a pasar el dÃa con sus amigos de Thornberry-park, me ha dado lástima.
Anne admiró la representación de la amiga, que de este modo era capaz de fingir alegrÃa ante la perspectiva de que viniera la persona cuya presencia estorbaba su principal objetivo. Era imposible que la señora Clay no detestase tener delante al señor Elliot; sin embargo, adoptó una expresión de lo más serena y complacida, y aparentó contentarse con poder dedicarse a sir Walter sólo la mitad de lo que hubiera querido.