Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Él quiso excitar de nuevo su curiosidad sobre cómo y dónde había oído hablar de ella hacía tiempo; quería disfrutar con las preguntas de ella. Pero se había roto el hechizo; descubrió que hacía falta el calor de un salón concurrido para que se encendiese la vanidad de su modesta prima; descubrió al menos que ahora no lo conseguía ninguno de sus intentos entre los requerimientos demasiado acaparadores de los demás. Poco sospechaba que cuanto hacía obraba precisamente contra sus intereses, y que hacía pensar a Anne en los aspectos de su conducta menos excusables.
Anne se alegró de oír que se iba a marchar de Bath a la mañana siguiente, que saldría temprano, y que estaría ausente dos días. Le invitaron a acudir otra vez a Camden-place la misma tarde de su regreso; pero estaría ausente del jueves al sábado por la tarde. No le hacía gracia a Anne tener una señora Clay delante a todas horas; pero que viniera a añadirse un hipócrita más grande aún le parecía que arruinaba toda paz y tranquilidad. ¡Era humillante pensar en el engaño constante de que hacía objeto a su padre y a Elizabeth, pensar en las diversas fuentes de mortificación que les preparaba! El egoísmo de la señora Clay no era tan complicado ni tan repugnante, y Anne se habría avenido inmediatamente a ese matrimonio, con todos sus males, con tal de terminar con las maquinaciones del señor Elliot para tratar de impedirlo.