Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Allí encontraron solas a la señora Musgrove y a su hija, que acogieron muy cariñosamente a Anne. Henrietta se hallaba exactamente en ese estado de perspectivas recién mejoradas, de felicidad acabada de descubrir que la hacía sentir estima e interés por quienes hasta ahora la habían tenido sin cuidado; y en cuanto a la señora Musgrove, Anne se había ganado su afecto con su diligencia en los momentos de angustia. Era una cordialidad, y un calor, y una sinceridad que encantaron a Anne cuanto más que echaba en falta estas bendiciones en su propia casa. Le suplicaron que se quedase con ellas todo el tiempo que pudiera, la invitaron a que fuese todos los días a pasar el día entero, o más bien la reclamaron como parte de la familia; y ella, en correspondencia, puso a disposición de las dos su atención y ayuda, como era natural en ella; y al marcharse Charles, escuchó de la señora Musgrove la historia de Louisa, y de Henrietta la suya propia, y dio a ambas su opinión sobre diversos asuntos, y su recomendación sobre tiendas, interrumpiéndose de vez en cuando para ayudar a Mary en lo que fuera, desde cambiarse la cinta hasta hacer las cuentas, desde buscar sus llaves y ordenar sus adornos hasta intentar convencerla de que nadie la daba de lado; de manera que Mary, entretenida como estaba junto a la ventana que dominaba la entrada al pabellón de hidroterapia, no podía por menos de tener sus momentos de ensoñación.